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La Medicina y la luz de la Misericordia


Dra. Elena R. Passo 9 de agosto 2016 En este año, elegido por el papa Francisco como año extraordinario del Jubileo de la Misericordia, no nos podemos dejar de preguntar qué significa realmente ser compasivo y cómo plasmar la compasión que no significa lástima sino “padecer con” en la profesión médica. En el evangelio de San Lucas el Señor nos dice: “Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo”. (Lc. 6,36-38) Podemos ver allí por lo menos una doble enseñanza: por un lado tenemos la gracia de ser acreedores de la misericordia infinita de Dios Padre y por otro lado, recibimos el don de llegar a ser nosotros mismos signos de la misericordia. Estos dones que recibimos nos interpelan e invitan a convertirnos en misioneros de la misericordia. Tenemos vastos ejemplos en nuestra Iglesia de personas que han elegido el camino de la misericordia, el mismo evangelista San Lucas era un médico, que abrazó la fe y transformó su vida convirtiéndose en un hombre santo. ¿Qué significa la palabra misericordia? Etimológicamente la palabra misericordia proviene del latín: del sustantivo cor, cordis (corazón), del verbo misereor (apiadarse) y del adjetivo miser-a-un (desgraciado). Según el Diccionario de la Real Academia Española se puede definir como: “virtud que inclina el ánimo (cor) a compadecerse (misereor) de los sufrimientos y miserias (miser) ajenos”. Como vemos, es una virtud del alma, que permite al hombre ir al encuentro del otro, estar a su lado y hacer propio el sufrimiento del prójimo. “Los hombres, las mujeres necesitan de la misericordia de Dios, pero también necesitamos de nuestra misericordia, necesitamos darnos la mano, acariciarnos, cuidarnos”. (Francisco. Año de la Misericordia. 2016) ¿Qué significa ser “Evangelio de la Misericordia”? Ser evangelio de la Misericordia significa hacer de la propia vida un camino en el que el otro pueda reconocer las pisadas dejadas por Cristo, a través de la expresión de gestos de ternura, bondad, paz y sabiduría. “Desde el comienzo se manifestó como el Mesías que asume la condición humana, movido por la solidaridad y la compasión”. (Francisco. El Evangelio de la Misericordia. 6/4/2016. www.vatican.va) Para ello, es necesario mirarnos en profundidad, sin temores, reconociendo nuestras fisuras y heridas con el objetivo de superarlas, para que así, estando verdaderamente libres, podamos trabajar en la causa de la vida. “No debemos temer nuestras miserias: el poder del alma del Crucificado no conoce obstáculos y nunca se acaba. Y esta misericordia borra nuestras miserias”. (Francisco. El Evangelio de la Misericordia. 6/4/2016. www.vatican.va) ¿Cómo se traslada a la medicina el proceder misericordioso? El mundo tiene sed de gestos misericordiosos, y la medicina es un espacio privilegiado para el ejercicio de este don, es más, la misericordia está inscripta en la esencia misma de la medicina. Todo acto médico es un acto interpersonal, un ir al encuentro del otro en situación de sufrimiento, y ello no se puede hacer sin la transformación interior que implica la compasión. El sufrimiento del otro me transforma en un ser que padece con el otro. Pero este padecer está movido por el corazón, por el amor, de allí que este movimiento del alma transforma al médico y también es percibido por la persona del enfermo. Esta transformación espiritual no se da sólo en el plano del quehacer profesional sino que cambia del todo la vida cotidiana, que se convierte en la vida del que se ha puesto en las manos de Cristo. Cuya expresión de divina misericordia en el sufrimiento de la cruz se hace presente en cada gesto de amor por el hermano sufriente. ¿Qué pasa con el paciente y los gestos de misericordia? ¿Los vivencia como ajenos? Lejos de ser indiferente ante su situación, el paciente se transforma también en signo de la misericordia al asumir su circunstancia de dolor y transformarla en motivo de encuentro con el otro. Tiene mucho por hacer; con respecto a sí mismo, le queda el trabajo espiritual de poner en orden su alma, y con respecto a sus seres queridos el de ayudarlos en una situación que también les resulta dolorosa. Tiene la gran oportunidad de expresar gestos de compasión y como dice el papa Francisco, “quien practica las obras de misericordia, no tiene miedo a la muerte”. (Francisco. JMC. Visita al Hospital Pediátrico de Prokocim. 29/7/2016)