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Heridas del Aborto




Heridas del Aborto

Foro Defendamos las dos vidas

Legislatura Porteña, 1 de junio de 2018.

Panel: Credos en defensa de las dos vidas

Padre Matías Jurado


Desde hace varios años formo parte de los retiros de sanación post-aborto llamados Viñedo de Raquel, con orígen en los EE.UU. hace 30 años. Somos una Organización que trabaja en 50 países, en los 5 continentes (desde Hong kong hasta Sudáfrica, países que no son todos de cultura occidental y cristiana), ayudando a sanar los trastornos físicos y psicológicos que les provoca el aborto.

Porque estos trastornos, propios del sindrome de estrés post-traumático, no se desarrollan sólo en culturas de origen cristiano, ni en personas influidas por el cristianismo. Es tan evidente para cualquier ser humano que la vida comienza en la fecundación, que las consecuencias al eliminarla se dan mucho mas allá del contexto cultural. Y también estos efectos van mucho más allá de la legalidad o de la clandestinidad en la que fueron realizadas las prácticas. Ni un credo ni una clandesinidad producen por sí mismas, como efecto, el nivel de trastorno que vemos cotidianamente en las víctimas del aborto: el orígen es la conciencia de haberle quitado la vida a un ser humano. Síndrome que también he detectado en las cárceles, en confesiones de personas que habían matado a otros seres humanos.

En nuestra organización hemos atendido a más de medio millón de personas: mujeres y varones. Porque el aborto no impacta sólo sobre las mujeres que lo padecieron, sino también impacta sobre su entorno más cercano. Por eso, no son sólo las mujeres directamente implicadas: vienen sus parejas actuales, las del momento de la decisión, padres que acompañaron a sus hijas, padres que no lo hicieron, hermanos y hermanas de quienes tomaron esa decisión, sobrinos, abuelos... y la lista podría continuar. Algunos de ellos hasta llegan al retiro enojados con Dios o con la Iglesia católica. Y, en general, con miedo de tocar el tema, y con mucha vergüenza.

No le pongan el nombre de ‘síndrome’ -si no quieren-. No lo crean presente en el 100% de los casos. Pero sepan, que el sufrimiento de quienes vienen buscando la paz después de un aborto, es real.

Más allá de si consiste en un síndrome -identificable o no-, lo que sí está demostrado es que luego del aborto -tanto clandestino como absolutamente legal-, una cantidad importante de personas presentan patologías mentales como:

- Estrés post traumático.

- Depresión.

- Tendencias suicidas.

- Abortos a repetición (que termina muchas veces en esterilidad).

- O el incremento en el consumo de drogas y alcohol.

Esto muestra que luego del aborto, ¡no es que no pase nada! Al contrario: se afecta negativamente la salud mental y física.

Mientras que no hay estudios científicos que demuestren que -en lo referente a salud física o mental-, una persona esté mejor después de haber abortado, en cambio sí se verifica, una y otra vez, que quienes siguen adelante con su embarazo y dan a luz, tienen mejor salud integral que aquellas que no lo hacen.

Y no sólo eso: otros estudios comprueban que muchas de las personas que llegan a abortar ya traen heridas o patologías en su historia. Y el aborto, lejos de aliviarlos en sus padecimientos, les suma nuevos.

Pero es necesario aclarar que, quien llega a abortar, no lo hace porque sí. ¡Ustedes no se dan una idea de las razones por las que una persona llega a abortar! Llegan con presiones, abandonos, miedos, abusos, llegan en la mas absoluta soledad. Por eso, a estas personas, ¡no hay que acusarlas! Hay que sostenerlas, hay que contenerlas. Porque la verdadera libertad no está en el aborto.

Por eso nosotros, como sociedad, tenemos que preguntarnos: ¿qué tipo de futuro queremos construir? ¿Un futuro donde condenemos a las personas a heridas -como las de la guerra-, que duran toda la vida? ¿Un futuro donde las dejamos solas? ¿O un futuro mas humano, que podemos construir juntos, donde aquellos que están sufriendo puedan ser acogidos, acompañados, sostenidos?

Le pido a Dios que, en nuestra querida Argentina, sujeta a tantas presiones, nadie tenga el derecho -avalado por la ley- de eliminar a otro ser humano por el simple hecho de que le molesta su existencia.

Matías Jurado, lic. en Comunicación, periodista y sacerdote católico.

En la fotografía de izquierda a derecha: Dra. Elena Passo, Padre Matías Jurado, Dra. Ana María Parini y Dr. Fabián Romano.


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