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Bioética y Moral Católica

elenapasso
hace 18 horas
18 min de lectura

Dr. Roberto José Dabusti


IATRIA, año 72, octubre 2001, número: 182, páginas: 42-51.


Reflexionaremos sobre ética, bioética y moral desde la visión abarcativa de la fe.

Son muchos los aspectos que podríamos observar y comentar sobre todo lo implicado en este tema, ya que nosotros, médicos estamos sumergidos en el mundo de unas ciencias naturales, relacionadas a su vez con un accionar técnico sobre personas, un contactar humano con personas, en ese encuentro y diálogo siempre valioso y necesario, llamado relación médico-paciente.


Pero ese actuar desde la fe, compartida o no con el paciente y su entorno social y familiar significa tener, o tener que adquirir hábitos de pensamiento, conducta, conocimientos y relaciones, que van mucho más allá de una formación científica o técnica y del ámbito exclusivamente médico. Implica conocimientos y diálogos constantes con la ética filosófica o filosofía moral, con la teología y sobre todo por ser más accesible a los médicos, con la Doctrina Eclesial y el Magisterio Pontificio,¡Vaya tarea!


Fácil es vincularnos aquí, intramuros, pues tenemos un sustrato o una base de ideas bastante análogo o al menos confluente. Digo fácil, aunque tendría que decir ¡fácil a veces!

Difícil con el mundo cultural moderno o postmoderno. Difícil con el magnífico mundo científico actual, que empero, muchas veces pretende actuar con independencia absoluta de consideraciones éticas o de respeto a los valores de las personas o a la realidad de la ecología, nombre actual de lo que nosotros llamamos la Creación.


Dada la amplitud de las cuestiones a tratar, sólo se podrá hacer una enunciación de cuestiones y de los basamentos necesarios para dar respuesta,

Por qué partimos de la fe? ¿No convendría empezar por algo más definido o por los problemas más acuciantes como son los bioéticos, los sanitarios, las antropologías científicas con sus filosofías implícitas divergentes de las nuestras y sus consecuencias sobre el hombre y la cultura?

Los grandes problemas bioéticos han sido tratados en este Congreso con profundidad.


Es por eso que en este momento del desarrollo del Congreso me atrevo a reflexionar sobre el tema propuesto, enfatizando los basamentos que creemos sustentan nuestro pensar y nuestro actuar médico comprometido con nuestra Fe y con los hombres sanos y enfermos,

Debería tratar en un nivel más abstracto lo relativo al diálogo entre ciencias diferentes como sería buscar hacer un acercamiento entre fe, Revelación y las ciencias positivas, que debe hacerse con la intermediación de la filosofía, cosa que sólo puedo mencionar al pasar.

Pero conviene referirse a una ética preética, que trata sobre cómo se concibe la cosmovisión que sustenta toda actividad humana, del encuentro de un hombre con otro hombre y de su escucha y vínculos con Dios.


El abstract que consta en la publicación del Congreso, tiene también por momentos un tono incisivo. Se buscó así, de una manera coloquial, enfrentar la necesidad de ir a las

cosas y acercarnos al fondo de las cosas.

Ahora, en el momento de esta conferencia se aclarará, dentro de nuestras limitaciones personales, por qué presente el abstract de esa manera. Ahí pueden Uds. leer que se quería evitar caer en apologéticas o teodiceas, Es decir no actuar a la defensiva sino bajo la luz, con el esplendor y belleza de la Verdad.


Perdonen el doble atrevimiento: el del abstract y el de esa expresión.

Cabe preguntarse si partiendo definidamente de la fe, ¿no se obstruye así el diálogo con el mundo? ¿No se cae otra vez en la soberbia de los elegidos?

Nos dicen los científicos positivistas que es imposible ese encuentro o acercamiento ya que es lenguaje perimido.

Pero ocurre que nuestro encuentro y diálogo con los otros sólo puede hacerse partiendo de bases firmes y con bases ajenas al “pensiero debole” en boga o su antecesor, el pensamiento racionalista. Obviamente sin soberbia, casualmente porque nuestra novedad, nuestro evangelio, nuestro accionar, anunciar a la ciencia y al mundo (eu, bueno/a y angelio, ángel, mensajero) es lo específico, lo diferente nuestro, que se lo debemos a un don, la Fe, gratuitamente recibido y no obtenido por nuestro obrar.


Creemos que nuestra visión capta más amplia, más profundamente las cosas, porque sabemos que dentro de ellas hay un actuar y una presencia, una transcripción de algo divino.

Casualmente el enorme interés de todo científico serio en el momento de la investigación y el hallazgo, así como en el momento de su aplicación, es un puente para iniciar el diálogo y el encuentro. ¡Ojalá tuviéramos nosotros en nuestro actuar el entusiasmo de muchos de ellos! De los que hallan en el cosmos macro y microscópico, sin saberlo, la huella de Dios. Con lo que antecede se expuso el primer contexto de esta exposición, nuestro mundo de la fe. La búsqueda y el apoyo en los basamentos, los principios revelados, que no podemos soslayar.

Habrá otros contextos, que es necesario analizar a continuación.


Pasemos a otro enfoque, un segundo contexto: El ético y moral.

Ética y moral católica ¿son la misma cosa? ¿Pueden entenderse como homólogos?

Para dialogar con el mundo quizá convenga diferenciarlos. Y así daremos a ética un sentido filosófico, es decir abarcar su mundo normativo y explicativo del ser y del actuar, con las luces de la razón (natural). Pero diferenciados de lo moral como dos momentos del actuar,

En cuanto a la Moral católica, sabemos que es aquella que con los datos de la revelación, comprende más profundamente todas las cosas existentes así como los principios universales del pensar y del actuar, a los que captó y llegó, por medio de la razón natural, iluminada por esas verdades sobrenaturales reveladas.


Este congreso es sobre todo un encuentro ad intra. Con nuestro mundo católico. Pero como ya se dijo es y debe ser además de un fortalecimiento nuestro, por sobre todo, una preparación para ayudar a los demás, Un comienzo de accionar ad extra.

Con colegas, con enfermos y con científicos . (1)

¿Cuáles han sido nuestras carencias al respecto?


En el magisterio, en el Pontificio sobre todo, se han analizado con profundidad los principales problemas éticos de nuestra ciencia y se han dado consignas claras. En el imaginario médico se han tomado más como consignas de acción moral y no, también, como norte y meta donde dirigir nuestro actuar específico, nuestra investigación científica y profesional de laicos comprometidos. Creo que no hicimos nuestra parte.

Concreto: La orientación y afirmación (Humanae Vitae, Evangelium Vitae, Donum vitae, etc.), la aceptamos libremente (otros las critican), comentando o aplicándolas, a veces con esfuerzo tipo reglamento, otras admirándolas por su oportunidad.


Al no tener los médicos en general formación filosófica o teológica nos estaba vedado el acceso a sus razones profundas, Pero sí hubiéramos podido mirarlas desde nuestras ciencias. Pocas veces nos pusimos a ver e investigar el correlato de perfeccionamiento no sólo ético sino psicológico, biológico, de salud y bienestar humano que la adopción de las afirmaciones del Magisterio conlleva.

¡Utopía, me dirán!


Puede ser. Pero más bien un cobijarse en el paternalismo (no me refiero al respeto y aceptación de la acción autoritativa del magisterio) y no aportarle nuestro apoyo y explicación desde la visión médica.

Un positivista nos diría ¿De cuál naturaleza humana me están hablando? ¿Dónde está la naturaleza y el bien mayor de seguir esas conductas indicadas?

Vamos ¡contesten!

Entonces íbamos corriendo al sacerdote más cercano que nos hablaba de la naturaleza espiritual y trascendente del hombre. Que también con abstracción filosófica nos decía “que la conveniencia (concordancia) con la naturaleza es el reaseguro de la moralidad y la ética» (M. Donadío de G.en “Vida y Ética”. pág. 9 y sig. UCA, Buenos Aires. Junio 2001)


Por supuesto sabemos que es así, Pero ¿no será que nosotros pensamos y nos agarramos a la respuesta con ideas del hombre al modo angélico y no como de espíritu encarnado? Pues, sin darnos cuenta nos metíamos en un dualismo, que un filósofo diría cartesiano, pero que en nosotros produce el efecto de dos conciencias, una científica, la otra moral al modo de una filosofía cristiana. Si nos preguntaban ¿Qué es la naturaleza? nos veíamos en apuros.

Pero la crítica no va sólo a nosotros los médicos.


No conozco vuestro país, el Brasil, sino como turista, salvo un lejano contacto muy profundo en el Congreso Eucarístico Internacional del 55. Pero entonces otros eran los problemas acuciantes.

Pero en mi país, en Latinoamérica, en Europa he conocido y conozco muchos pensadores, jóvenes sacerdotes o filósofos, rodeados de médicos “cultos”, con particulares modos de afrontar la ética. Y que en Europa la cosa se daba con teólogos no tan jóvenes.


Por ejemplo, encantados con la maravillosa teología del siglo veinte, no se daban cuenta que seguían ciegamente, (¿inconscientemente?) un pensar a la manera de Bultmann, quien con su centrarse en la fe como historia, mientras que la naturaleza pertenecía al paganismo, destruía el equilibrio entre creación e historia humana. (Vease ademas a Karl Barth tratando la alianza como el centro de nuestro encuentro con Dios en la aceptación de su oferta y su don (que es central), pero que soslaya la Creación dándole un papel externo o extrínseco).


En esos mismos ambientes la moral de situación u alguna más sutil como la moral del conductor ( López Aspitarte, Gaffo, Vidal), daban respuestas atractivas para un pensar y actuar rápido.

A su vez parecía poder superar con facilidad los problemas de ciencia y fe y el dramático divorcio desde hace cuatrocientos años entre catolicismo y ciencias positivas.

Acostumbrados a leer las afirmaciones pontificias al modo de normas superiores, las “nuevas” y “sesudas” de esos moralistas, parecían más cercanas a nuestro cotidiano actuar y traían menos problemas.

¡Y en ese desequilibrio nosotros quedamos boyando sin bases firmes! Y en moral caemos en la casuística al modo del vademécum médico. En fórmulas sin relación estudiada en profundo. O lo que sí es malo en serio, es un rechazo de esa normatividad que se experimentaba desarraigada de lo cotidiano y acuciante. Normas vistas por unos como voluntaristas o, por otros, como imposiciones autoritarias.


En la cultura actual, que nos invade, cultura cuyos únicos parámetros y normas son resultado de conveniencias coyunturales, en ese contexto actual preñado de individualismo rabioso, lo profundo es desdeñado y la autoridad es rechazada. Pero este es otro tema que no se podrá ahora más que señalar aún siendo importante. Podemos ver entonces, dada la complejidad creciente de los problemas del ejercicio profesional, la necesidad de incorporar en nuestras Universidades la enseñanza de la teología y filosofía. Eso sí, adecuada a las características de cada carrera de grado y posgrado. Es lo que nos pide la “Ex corde Ecclesiae”.

Volviendo a nuestras cosas, podemos decir que en la creación está nuestro mundo médico.Tanto en la naturaleza espiritual del hombre, como en el encuentro con el ser sufriente, creciente o muriente,


Nuestro mundo está también en el cuerpo, en el cerebro, en el psiquismo (vaya si lo está, véase la enorme importancia de las ciencias psíquicas, neurales, cognitivas, hoy en día).

El bios de nuestra bioética ¿es valioso per se? O lo vemos así por razones defensivas de nuestra fe. ¿O para salvar embriones o impedir su fabricación? (Con esta frase, casi un exabrupto, se señala una realidad crucial que cambió al mundo. Que obligó entre nosotros a acercar teología, filosofía y ciencias naturales y a saber mucho sobre biología moderna así como a afinar los conceptos de moral).


Por eso en ese bios podremos encontrar un tema y un hecho vital sobre el cual hablar con científicos y antropólogos no cristianos. Y evitar una suerte de gueto católico.

Cuando el Papa habla de la Vida, ¿sólo lo hace en referencia a la vida de la fe y de la vida en Cristo o lo hace también implicando al mundo biológico? ¿Qué proclama en su Evangelium Vitae y hace comunicar en la Donum Vitae?

Hace mucho más. Canta la vida toda, la naturaleza humana, espíritu encarnado y carne espiritualizada. Y vaya a qué niveles llega el plan divino de la vida. Ala Encarnación del Hijo de Dios, de Jesús.


Podríamos seguir mucho más en esta línea. Cerremos aquí otro contexto, el segundo, que nos exige ir más hondo, a lo antropológico y filosófico. Pero que debe implicar lo biológico y la Creación.

Una crítica puede decirnos que debemos separar lo filosófico de lo biológico y científico natural. Ya que un diálogo de diferentes niveles epistemológicos no debe hacerse como si los objetos de su abordaje específico fueran unívocos. Es por esto que es complejo definir el episteme de la bioética.


La BIOÉTICA se presta a confusión

La más común es la de homologar el bios, al bios naturalista y positivista que rige en las ciencias y sobre todo en su explicación de todo por la materia. Me refiero al pensamiento evolucionista monista, al fisicismo, al bios como sólo fisicoquímica, y ahora como física cuántica inasible, impredecible, que es presentada como caótica. A la bioética sin principios, sin ontología. La del consecuencialismo o del consenso mayoritario que define todo (Engelhardt).


De este pensar surgió el tratar a los entes como objetos de uso y para experimentación, y de lo que surgió una ética discursiva, de axiología barata, una finalidad de patas cortas y hedonista (Bentham), con afán de logros utilitarios y placenteros. Y lo que la palabra persona (2) nos señala, desaparece, pues se encuadra a los seres vivos sin una diferenciación ontológica, todo es un continuum.

Paul Ricoeur dice en su último libro (donde dialoga con un neurobiólogo molecular, Jean-Pierre Changeux, “Lo que nos hace pensar”, pág. 111. Ediciones Península, Barcelona 1999), que “el mundo ha sido vaciado de sentido y de intención por la revolución copernicana y luego newtoniana, que nos ha dejado un mundo físico muerto”.


Para superar la diferencia de enfoques necesarios para efectuar un diálogo con un pensamiento racional entre las ciencias de diferente nivel abstractivo, como es el diálogo de Ciencia y Fe, el Papa actual, nos habla del pensamiento meta científico, (o el metarreal de Jean Guitton, el transracional de Ruiz de la Peña o el de filósofos como Habermas, Popper o Ricoeur, etc.). En ese nivel se dialoga entre ciencias, a través de la recuperación de la analogía.

También por tratarse de cuestiones filosóficas y teológicas que son cosas de especialistas, debemos dejarlas en este momento de lado.

Debemos sin embargo afirmar que nuestra bioética es personalista. El respeto de la persona humana desde la concepción hasta la muerte es la norma sin excepciones (3).

Lo que califica al acto humano es el objeto del mismo. La acción concreta que se efectúa.

Las intenciones del acto humano, lo involuntario que condiciona al sujeto del mismo, no cambian la calificación buena o mala del acto, de la acción que se lleva a cabo.


La bioética señala las normas referentes a todos los actos sobre seres humanos, sobre la vida humana. Las acciones sobre medio ambiente y animales, tienen su calificación central en lo que se hace o evita hacer sobre el ecosistema que se debe conservar, privilegiando su destinatario, el hombre

Retomando la idea recién expuesta por Ricoeur.

¿Físicoquímica, solo materia o un mundo donde hay vida y hay sentido?

Nuestro Papa habla cada vez más y con más urgencia e insistencia sobre la vida. Y ahora sobre la ecología. Lo que se llama la “biosfera”.

Como médicos, hablaremos con los biologistas y si lo quieren también con los evolucionistas, con todos los científicos, sobre la vida. Esa realidad que a todos debería admirarnos en su gradación, en el modo y la manera de darse, de ser y existir en los seres concretos. :


Pero he aquí que apareció el embrión. El embrión artificialmente producido, Por esa realidad que nos golpea pasemos a:

Nuestro tercer contexto o base para asentar la ética,

La vida. ¿Qué es la vida?

Esa vida que admira a todos por el misterio natural que implica. Pero que nosotros podríamos decir, en voz baja y susurrante como en oración, para que no nos crean soberbios, que la vida es teología natural, escritura sagrada incrustada en la realidad física y en la biológica y concedámoslo sin dudar, es también historia sagrada y expresión de la Nueva Alianza (y de la antigua).


El principio antrópico, como orientación de creciente perfeccionamiento de la naturaleza hacia su culminación el hombre, es una interesante hipótesis.

Sobre la vida, lo que llamamos el Don de la Vida, está un punto de encuentro y diálogo con todos.

Insisto mucho sobre diálogo con los otros, con el mundo, casi en exceso.

Alguien podría decir quizá, que esta presentación se aparta del tema o no concreta,

Otra opinión podría ser que vea exceso y desvío hacia una reflexión a media agua y sin definición epistemológica. Que no va más y más hondo al fondo filosófico tan necesario. Y que por otra parte tampoco detalla normas y los principios que fundamentan esas normas.

Pues la Ética es la ciencia normativa y categórica del obrar humano, siguiendo o basada

en la razón natural,


Pues sí, en un sentido la crítica podría ser válida. Ya que la ciencia actual nos precisa normativamente que hay que evitar la invasión de campos. Y que las definiciones y acciones científicas se lleven a cabo en un marco epistemológico definido. Lo mismo en la ciencia moral (como práctica y como teorética) y en la filosófica,

Por eso, pasamos ahora a concretar sobre ética, bioética y moral católica.

Adelantemos varias preguntas y sus respuestas que concretan lo implícito en lo dicho hasta ahora,


¿Qué ética para una bioética?

Cuando se habla de ética se presentan los principios que la fundamentan. Estos principios son juicios, afirmaciones que se captan intelectualmente de manera directa teniendo en cuenta cosas dadas naturalmente a nuestra mente. Son evidentes. Otros principios, los prácticos, se refieren al obrar humano y estos principios orientan la acción humana para lograr los fines y perfecciones del actuante. No son deducibles de otros juicios previos pero se actualizan por la experiencia.


Sabemos que se debe actuar siempre bajo los dictados de nuestra conciencia y su juicio es inapelable e insoslayable. Esos principios intelectivos y volitivos mencionados orientan a la conciencia para sus decisiones y acciones, Sabemos de los errores que se siguen en muchas acciones “orientadas” por la libertad humana que sigue a su conciencia errónea. Por eso debemos agregar que la conciencia debe ser recta, guiada por una razón que juzga adecuadamente y que busca la verdad.

En lo que nos atañe, es decir en las acciones relativas al ser humano o con el ser humano, el juicio de realidad depende de la antropología que se adopta.


¿Qué antropología sustenta a la bioética? ¿Teológica, filosófica? ¿Médica y científico - natural y reducida a lo físico?

Pues de esa antropología, de qué cosa se considera el hombre y qué es la vida humana, depende toda la ética y bioética actual. Podríamos preguntarnos sobre los presupuestos metafísicos y éticos que tienen las ciencias. No es el momento de hacerlo.

Tampoco de analizar si el mundo científico es absolutamente independiente. Pretende serlo y así actúa hoy en día, negándose a ser acotado por juicios éticos, sobre todo si provienen de filósofos realistas y qué decir de religiosos.


No tenemos tiempo para tratar de los principios bioéticos “anglosajones”. O sea, beneficencia, no maleficencia, autonomía y justicia. Aquí no es nada fácil el diálogo pues disentimos del giro que han tomado hoy en día en su aplicación.

¿Dónde entra entonces mi pensar y en mi acción médica, mi Fe, mi religión?

Pido un esfuerzo para entender lo que se quiere en este trabajo mostrar.

Lo cierto es que quien esto dice no es teólogo y no es filósofo. Por eso prefiere reflexionar en alta voz sobre las cosas que lo han preocupado en su actividad profesional. En las que lo han inquietado y en las que lo han admirado y comprometido con su profesión, con la Iglesia y con la gente.


La propuesta central de esta exposición es la de enfocar nuestras ciencias y prácticas, siguiendo los dictámenes éticos de la conciencia enriquecida por la fe, en un marco donde siempre sea actual, presente, enraizada, la visión contemplativa.

La ciencia actual busca iluminar y penetrar en todas las cosas.

La propuesta es volver a la contemplación.

Dejarnos iluminar por ese mundo. Mundo de Dios. Mundo con un protagonista central, el hombre.

La mirada del otro hombre que nos interpela.

Que se puede contemplar centrándonos en el gran Sintetizador, el hombre Dios, Jesucristo. Que nos interpela y en cuyos ojos debemos mirarnos.


Con los “sentidos espirituales” que nos da la fe, podremos actuar con empeño y adecuadamente.

Con colegas no cristianos partiremos de lo que muestran las maravillas de la ciencia.

De los ojos de nuestros seres queridos, de los ojos del enfermo, que nos solicitan, que trasuntan su pedido de auxilio y comprensión.

Revalorar el encuentro con colegas y enfermos, hoy en día absorbido por la tecnología médica y el pragmatismo.


Que junto a ellos, se observen las maravillas de la creación que debemos dominar al servicio de todos. Pero desde la que debemos pasar a reflexionar sobre el valor del mundo y de la vida, contemplarlos para preguntarnos junto a ellos qué es esa vida de esa persona, qué sentido tiene, para qué está el otro allí o estamos nosotros allí.

Contemplar la vida del pequeño embrión, del niño, del enfermo.

Desde la vida humana y lo contemplado, pensar.


Esto es lo que llamé más arriba una ética preética. Es decir, que con los ojos de la fe, pensemos en el valor del ser humano y valoremos la vida. Poseeremos una cosmovisión, sustentadora de nuestro actuar

Al mismo tiempo actuar con los principios y las normas, que protegen el bien de la vida.

Quedan muchos temas que tratar.

Por ejemplo que el diálogo que trata Fides el Ratio se extienda al encuentro con las ciencias maravillosas de la actualidad. Que se actualice y profundice la filosofía de la naturaleza, de las ciencias, que me atrevería a decir, es una pieza faltante en el armado del diálogo Ciencia y Fe. Que es imperativo como evangelización de la cultura.

Podrán decirnos que volvemos a la Physis griega. En cierto sentido, sí.

Pero más viva. Sin el mundo muerto de mucha ciencia actual. La mala versión de lo copernicano y newtoniano.


Para precisar más el sentido de estas reflexiones y como corolario o mejor dicho síntesis. ¿Qué diremos entonces con bioética, con ética y con moral católica? ¿Qué libertad usaremos desde esa visión contemplativa pero también comprometida, jugada para tratar ese mundo y esos hombres aún embrionales?

Las normas éticas serán a partir de allí, orientaciones profundas y enraizadas en nuestro ser. Que se refieren: al sentido de los seres, a conductas y acciones hacia fuera, hacia la sociedad y los otros, en el magma de un plan divino.


Y en otro sentido, también significan la orientación para adquirir y conformar nuestra interioridad, nuestras concepciones, hábitos y acciones personales armónicamente, de acuerdo a nuestra naturaleza bio - psico - espiritual. (Reparar en las dos acepciones de la palabra ética, ya vista por los griegos. Estos escribían Ethos con Epsilon y ethos con eta o sea la ética en sociedad y la ética personal respectivamente).


La pregunta que siempre deberemos responder para no caer en un imperativo deber ser kantiano, la gran pregunta es: ¿Qué bien, qué realidad protegen las normas éticas y la conducta moral y qué bien se pretende desarrollar con esas normas que hacen crecer las virtudes naturales (y con el don de la gracia, las sobrenaturales)?

” Ese bien, esa propuesta, puede mostrarse a los no cristianos como más humanizantes, más valiosas, más hermosas. Por supuesto la trascendencia humana hacia lo divino y su destino final. También la realización personal y social.

Pero desde la limitada visión de un médico que mira desde las ciencias naturales y que debe profundizar ese mundo, se ve además en la ética y la moral natural el camino de protección de lo natural del hombre concreto(4) y de la creación toda, Para poder además dialogar en ese nivel con el mundo actual.


Y con una oración no expresada externamente, pero que es un pedido a Nuestro Señor, para que el ordenamiento ético y moral natural permita a nuestros prójimos preparar su naturaleza para la recepción del Don, de la Gracia. Para que perciban ese mundo de Dios. :

Habría muchas mAs cosas que decir.

Que los que saben y practican las ciencias éticas y morales como filosofía y como teología, se hagan cargo de ellas en plenitud.

Que ellos y nosotros no nos olvidemos también de la poesía y el color, de las realidades hermosas de la vida, aun cuando sea dramática y penumbrosa. Que un gran teólogo reciente llama Teodramática, centrada en la percepción de la Forma más perfecta, el Cristo crucificado.


Aquí desde el campo médico, que es limitado, se tiende una mano hacia los pensadores para apoyarse y pedir apoyo y orientación. Para darles también opiniones y vivencias surgidas del mundo de la medicina, del mundo natural. Desde una profesión y una acción, que siempre está en el misterio de la vida, del dolor y la muerte.

Y con esto volvemos al punto de partida, al sentido que tienen estos encuentros de médicos católicos cuando tratan de ética, bioética y moral católica. Es decir al diálogo intramuros que habrá luego que volcar en el encuentro cotidiano con los otros y con el mundo.


Nuestra misión de médicos católicos hoy, es muy difícil ¿Qué hacer?

Ver las cosas y los seres, nuestro trabajo, desde la visión contemplativa y trascendente. Que al principio llamé visión desde la fe.

Hacer lo que Teresa de Calcuta llamaba una mística en la acción.

Con el gran trabajo de nuestros colegas brasileños y de nuestro presidente de FAMCLAM y su grupo chileno y de todos vosotros, pudimos actualizar en el clima de este Congreso, muchas cosas hermosas. Por todo eso:



Muchas gracias a todos.



1.- La ética (natural) y la moral católica (revelada), convergen claramente en nuestra postura ante los problemas bioéticos. Aunque la moral católica no sea compartida por el interlocutor científico o el legislador dado su carácter de revelado, sus afirmaciones pueden apelar a la razón de éstos. Pueden mostrarse como mejores y más humanizantes.


2.- Nuestra afirmación sobre la cualidad de persona de todo ser humano no es chocante, salvo en prejuiciosos o en quienes se cubren preventivamente, al no aceptarla, de las consecuencias que el término y el concepto implican.


3.- La vida que a los médicos nos ocupa es toda vida humana. Nadie puede negar esta verdad. Si se

defienden los derechos humanos y el basamento de los mismos, la dignidad humana, toda disquisición que no la contemple es discriminatoria y es algo peor, es atribuirse el criterio de decidir sobre otros seres humanos y sobre el primer bien (se lo llama sagrado), de todo existente que es su vida.


4.- Los grandes problemas se circunscriben a la consideración y trato que debemos científica (estudio, investigación) y prácticamente (experimentación, prevención del mal y tratamiento de personas etc.) al ser humano que nos apela aunque no nos conozca personalmente, que nos consulta o sobre el cual o los cuales, tenemos responsabilidades (sanitarias, legales, sociales, etc.).



ORACIÓN


Oh María,

Aurora del mundo nuevo,

Madre de los vivientes,

A Ti confiamos la causa de la vida:

mira, Madre, el número inmenso

de niños a quienes se impide nacer,

de pobres a quienes se hace difícil vivir,

de hombres y mujeres víctimas

de violencia inhumana,

de ancianos y enfermos muertos

a causa de la indiferencia

o de una presunta piedad.

Haz que quienes creen en tu Hijo ;

sepan anunciar con firmeza y amor

a los hombres de nuestro tiempo

el Evangelio de la vida.

Alcánzales la gracia de acogerlo

como don siempre nuevo,

la alegría de celebrarlo con gratitud

durante toda su existencia

y la valentía de testimoniarlo

con solícita constancia, para construir,

junto con todos los hombres de buena voluntad,

la civilización de la verdad y del amor,

para alabanza y gloria de Dios Creador

y amante de la vida.


Juan Pablo II 

Evangelium Vitae




Dr. Roberto José Dabusti



Consorcio de Médicos Católicos de Buenos Aires

 
 
 

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