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En el día de Nuestra Señora de la Dulce Espera




En el día de Nuestra Señora de la Dulce Espera Dra. Elena Passo "Pues bien, el Señor mismo va a daros una señal: He aquí que una doncella está encinta y va a dar a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel". (Is. 7,14) Hoy se celebra la advocación mariana de la Virgen de la Dulce Espera, rememorando el tiempo en que Nuestra Madre esperaba el nacimiento del Niño Jesús. Hay un antes y un después de la respuesta de María, ya que desde entonces Jesús está con nosotros. El signo de los signos, el Señor de la historia, gracias a la fidelidad y a la entrega de María, se hace uno de nosotros. Con su sí incondicional a Dios María selló la posibilidad de la salvación de la humanidad y es importante recalcar, que la salvación llegó para todos, sin ningún tipo de discriminación. En la cruz, Jesús dio su vida por todos y resucitó por todos, pero como humanidad aún le debemos una respuesta. Todavía no hemos salido al encuentro de ese llamado a la santidad. A pesar de esta falta de respuesta, todos los años gran parte de la humanidad, se reúne para celebrar el nacimiento de Jesús. Algunos incluso, nos preparamos espiritualmente con alegría y esperanza, para recibir al Niño. Un Niño cuya llegada fue una sorpresa para su joven madre y su familia. Sólo un Niño, rodeado de pastores en un pesebre humilde de Belén, que se encarna para salvarnos del peor de los enemigos: nosotros mismos. Me pregunto ¿qué vieron ese día los pastores, los reyes magos, y hasta los animales que se acercaron para contemplarlo? ¿Que podía tener de especial? Ese Niño es luz y esperanza, es paz infinita. Todos los niños, si se los deja nacer, son luz y fuente de esperanza. Y en cada uno de ellos de alguna forma, Jesús está presente. ¿Qué hubiera sido de nuestra historia sin el sí de Maria? ¿Qué clase de personas seriamos sin Jesucristo? ¿Cuál es la señal que Dios nos da en este tiempo? ¿Es al igual que ayer los niños por nacer? Al estar próximos a la Navidad, te pedimos Madre nuestra, Señora de la Dulce Espera, que intercedas ante el Señor por el bien de todas las madres y en especial por aquellas que están esperando el nacimiento de un hijo. También te pedimos Virgen Santa que ilumines el corazón de nuestros legisladores para que puedan ver la riqueza inconmensurable que es un niño y que legislen para la vida. Los problemas van y vienen a lo largo de la vida de cada uno de nosotros, y se puede trabajar en su superación, pero un hijo siempre es un hijo y su vida es sagrada. La vida perdida de un hijo no se recupera. Y por último te pedimos amada Madre por este país nuestro, tan roto y dividido, para que oriente su mirada a Dios y cuide de la vida de todos.

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