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jueves 29 de agosto del 2019

Servir a la Vida a través de la Ciencia



Academia Nacional de Medicina
Consejo Académico de Ética en Medicina
Seminario: "Ética en Investigación" Parte II
28 de agosto de 2019
Servir a la vida a través de la ciencia
Dra. Elena Rita Passo

El hombre de ciencia tiene como misión, el estudio de la realidad objetiva; siendo su trabajo el estudio de lo existente. Como tal, descubre la realidad, pero no la crea.
Este descubrimiento se tiene que poder comprobar y repetir en cualquier lugar del mundo, es por eso que se considera que la ciencia no tiene fronteras y su lenguaje es universal.
El conocimiento científico, en tanto que se origina en el análisis de la realidad, tiene la premisa de la exactitud y si existe alguna limitación al conocimiento, es aquella que es dada por la propia finitud de nuestra inteligencia. Pensemos por ejemplo, en cuantas cosas que existen y simplemente, no las podemos ver o comprender. 
Ahora bien, una vez logrado el dato científico, pasa a formar parte del conocimiento de toda la humanidad y en ninguna circunstancia debiera ser negado.
Esto es sumamente importante en el campo de la Bioetica, ya que hemos observado con perplejidad, que se dieron debates de suma importancia, donde el dato objetivo que emana de la Ciencia ha sido manipulado por interpretaciones subjetivas y otras veces, simple y llanamente ignorado.
Dicho de otra forma, si la ciencia no dice lo que quiero o aquello que me conviene, entonces la silencio.
Pero la ciencia, manifestación del incansable y curioso espíritu humano, que descubre la belleza y el misterio profundo de lo creado, se resiste a ser silenciada y ha sido a través de la historia, piedra angular del camino del conocimiento.
A modo de ejemplo, diremos que un debate bioetico se asemeja al armado de un rompecabezas, donde la primera pieza que tendríamos que escoger es la que representa a la ciencia, y luego iríamos completando nuestro rompecabezas con las piezas que representan a las otras disciplinas. Todas las disciplinas realizan un aporte significativo, pero nunca lo hubiéramos podido armar, si la primera pieza que hubiésemos incorporado, no fuera la de la ciencia. Dicho de otra forma,  en Bioetica es insustituible el aporte dado, en primer lugar, por el conocimiento científico.
Una vez que se obtuvo el dato objetivo emanado de la ciencia,  el mismo debe ser utilizado como un medio para llegar a un fin y el fin es el bien de la naturaleza humana y de la naturaleza en general.
Pero, ¿cual es el bien de la naturaleza humana y de la naturaleza en general?
Podemos decir que: el bien es el respeto y el cuidado de la vida. El respeto de la vida es el primer bien, sin el cual, no se podría progresar a otros.
Desde esta perspectiva, nuestro reto es que la ciencia sea una herramienta al servicio de la vida, de la vida de todo lo creado, y en especial de la vida humana.
Durante cientos de miles de años, la naturaleza sabiamente busco preservar el tesoro que es la vida y generosamente no sólo nos la brindo, sino que además, nos permite explorarla. Es imperativo que -como humanidad- hoy demos una respuesta y asumamos ese reto, con una actitud de respeto y responsabilidad frente a la vida. 







Hoy, vamos a rendir un humilde homenaje, a dos grandes personalidades de la medicina y de la ciencia de nuestro país: los doctores Eduardo Charreau y Hugo Obiglio, miembros dilectos de esta querida Institución.
Si tuviera que decir algo de los dos, es que, ejercieron la ciencia médica siempre al servicio de la vida y que en lo personal, tuve la gracia de haberlos conocido. Solo diré que la bondad de ambos, le dio paz a mi alma y ese es el recuerdo, al menos para mí, más valido.


Dr Eduardo Charreau 

Nació el 27 de mayo de 1940.
Fue doctor en Ciencias Químicas de la UBA. donde se inició en la investigación científica bajo la dirección del Dr. Bernardo Houssay. 
Fue profesor en la universidad de Harvard, donde tuvo la posibilidad de quedarse después de su post doctorado, sin embargo, y teniendo en cuenta el pensamiento del Dr. Bernardo Houssay, "la ciencia es universal, los científicos tienen patria", regreso al Instituto de Biología y Medicina Experimental donde trabajo  en el área de endocrinologia molecular, siendo autor de 200 publicaciones internacionales, 5 libros y estuvo a cargo de la dirección de 24 tesis  doctorales. 
Fue profesor titular en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA.
Ejerció la presidencia del CONICET entre los años 2002 y 2008.
Fue investigador superior emérito del CONICET.
Director del IBYME desde 1993 hasta 2010.
Presidente de la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales entre los años 2008 y 2010.
Miembro titular de la Academia Nacional de Medicina.
Presidente de la Federación de Asociaciones para el adelanto de las Ciencias.
Recibió numerosos reconocimientos y premios incluyendo los premios Konex de 1993 en Ciencias Biomedicas Básicas y en el año 2008 como Administrador de las Ciencias.
En 2015 recibió el premio Juan Kyle de la Asociación Química Argentina.
Su carrera estuvo vinculada a la innovación y fue muestra de una profunda preocupación por la transferencia del conocimiento científico al sector asistencial. A modo de ejemplo,  el conocimiento surgido de su investigación en receptores hormonales en cancer de mama se transfirió a la aplicación clínica.
Fallece en la CABA el 23 de marzo de 2019. 
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