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domingo 10 de junio del 2018

1 de Junio 2018. Legislatura Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Salón Juan Domingo Perón




Dr. Manuel José García Mansilla


CUATRO OBSERVACIONES ACERCA DEL DEBATE SOBRE EL ABORTO

 

Quiero hacer cuatro observaciones acerca del debate sobre el aborto en nuestro país:

 

PRIMERO. No estamos discutiendo la despenalización del aborto en el Congreso, sino su legalización. Y no es lo mismo.

SEGUNDO. Se ha instalado la idea de que los que plantean le necesidad de cuidar las dos vidas lo hacen partiendo de una premisa religiosa o de una creencia que se quiere imponer a quienes no la comparten. Y es al revés.

TERCERO. También se ha instalado la idea de que estamos frente a una crisis de salud pública, cuya única solución es la legalización del aborto. Y esto es falso.

CUARTO. Finalmente, se pretende poner en duda que el sistema jurídico argentino protege la vida humana desde la concepción con una amplitud tal que impide que el Congreso disponga válidamente la legalización del aborto.

 

Desarrollo cada una de esas observaciones.

 

1. ¿Estamos discutiendo la despenalización del aborto? No. Estamos discutiendo su legalización. Basta leer, por ejemplo, los arts. 1 y 3 del proyecto de ley presentado por la Campaña Nacional por el derecho al aborto legal, libre, seguro y gratuito, que fue acompañada por la firma de 71 diputados. Ese proyecto propone legalizar el aborto hasta la semana 14, sin restricciones:

 

Art. 1: En ejercicio del derecho humano a la salud, toda mujer tiene derecho a decidir voluntariamente la interrupción de su embarazo durante las primeras catorce semanas del proceso gestacional”.

 

Y también hasta cualquier momento del embarazo en ciertos casos:

 

Art. 3: […] 1. Si el embarazo es producto de una violación, con el sólo requerimiento y la declaración jurada de la persona ante el profesional de la salud interviniente.

2. Si estuviera en riesgo la vida o la salud física, psíquica o social de la mujer, considerada en los términos de salud integral como derecho humano.

3. Si existieren malformaciones fetales graves”.

 

Se propone, además, que esos abortos se incorporen como prestaciones médicas obligatorias. Es decir, que los paguemos todos con nuestros impuestos.

 

Eso no es despenalización, es legalización. No es lo mismo despenalizar que legalizar. Una causal de no punibilidad de un delito no es lo mismo que un derecho. Legalizar es convertir un delito en un derecho.

 

Me explico: si alguien del público me agrede con intención de matarme y, al defenderme, mato a mi agresor, lo más probable es que no reciba condena o pena alguna en nuestro país. ¿Por qué? Porque existe en el Código Penal una causal de no punibilidad del delito que se llama legítima defensa. Pero de ahí no puedo derivar un derecho a matar y a que el Estado me provea los medios para hacerlo. Eso es absurdo.

 

La legalización permite, además, monetizar ese derecho al aborto. Es decir, permite que un tercero haga un negocio al ofrecer el servicio para poder ejercer ese derecho. ¿Estamos dispuestos a que alguien pueda lucrar con el aborto? Yo creo que es una aberración.

 

2. El sector abortista y sus defensores plantean que los que defienden el derecho a la vida de la madre y del embrión, es decir, cuidar las dos vidas, lo hacen porque quieren imponer una creencia religiosa. ¿Es así? Asumamos que Dios no existe. ¿Quedan desnudos los argumentos del sector pro vida? La respuesta es contundente: NO. ¿Por qué? Porque el argumento acerca de la existencia de vida humana a partir de la concepción no se basa en una creencia, sino en evidencia empírica y científica. El comienzo de la vida humana no es como se dijo una convención arbitraria, sino un dato objetivo de la realidad. Es una cuestión estrictamente científica y la pueden responder con mayor precisión los embriólogos. Sin embargo, es evidente e indiscutible que, si permitimos que un embrión se desarrolle, el único resultado posible del proceso de gestación es el nacimiento de un ser humano, sea varón o mujer. El desarrollo de ese embrión no puede dar nunca como resultado una planta, un mosquito o un camello. Solamente un ser humano. Entonces, a menos que creamos que existe un momento mágico que convierte a aquello que no es humano en humano, es obvio que, a partir del primer momento de la existencia de ese embrión, comienza una vida humana.

 

El sector abortista, en realidad, enmascara su propia creencia con esta acusación. En realidad, son ellos los que creen que NO hay vida humana a partir de la concepción. Esta es una creencia, que no se basa en datos empíricos o científicos, sino que expresa una preferencia moral, política o ideológica.

 

¿En qué momento nos volvemos humanos? ¿Lo puede decidir el Congreso? ¿Se puede someter a la decisión de la mayoría quiénes pueden considerarse humanos? No. Trazar una línea, que va a ser siempre arbitraria, implica negar el concepto mismo de los derechos humanos: esos derechos dejarían de estar ligados al solo hecho de existir y serían una concesión graciosa de la mayoría.

 

3. El sector abortista abandona la discusión filosófica, científica, moral y jurídica y se refugia en un argumento pragmático: los abortos van a seguir ocurriendo, queremos salvar las vidas de las madres pobres que se mueren en abortos clandestinos. Estaríamos frente a una crisis de salud pública cuya única solución sería la legalización del aborto. Y esto es falso.

 

Según las estadísticas del Ministerio de Salud, en 2016 se murieron 43 mujeres por abortos, sin discriminar entre espontáneos y provocados. Si, como sostiene el sector abortista, hay 500.000 abortos por año, la tasa de mortalidad sería de apenas el 0.009%. Cifras que demuestran de forma evidente que estamos lejos de una crisis de salud pública.

 

Por supuesto, es un horror que se mueran una sola mujer, pobre o no, por la causal que sea. Pero, siguiendo la lógica pragmática que plantea el sector abortista, es evidente que, dado que los recursos públicos son escasos, si la preocupación es salvar vidas de las mujeres que se mueren cada año, deberíamos destinar fondos públicos a atacar aquellas causales que nos permitan salvar más vidas de mujeres. En 2016, por ejemplo, se murieron 525 mujeres por deficiencias nutricionales. El aborto es la causal 40 de muerte de mujeres en edad fértil.

 

Entonces, ni hay crisis de salud pública específica debido a la existencia de abortos clandestinos, ni la legalización es la solución a esa crisis.

 

4. Finalmente, el sector abortista soslaya una cuestión fundamental: el sistema jurídico argentino protege la vida humana desde la concepción con una amplitud tal que impide que el Congreso dispongo válidamente la legalización del aborto.

 

El art. 6 de la Convención sobre los derechos del Niño, que tiene jerarquía constitucional según el art. 75, inc. 22 de la Constitución, establece que:

 

1. Los Estados Partes reconocen que todo niño tiene el derecho intrínseco a la vida.

2. Los Estados Partes garantizarán en la máxima medida posible la supervivencia y el desarrollo del niño”.

 

La República Argentina hizo una reserva a la Convención que dice:

 

Con relación al artículo 1º de la CONVENCION SOBRE LOS DERECHOS DEL NIÑO, la REPUBLICA ARGENTINA declara que el mismo debe interpretarse en el sentido que se entiende por niño todo ser humano desde el momento de su concepción y hasta los 18 años de edad(el destacado me pertenece)

 

En consecuencia, a menos que redefinamos la forma en la que opera el lenguaje escrito y el derecho, no queda otra que concluir que en caso que el Congreso sancione un proyecto de ley legalizando el aborto, esa ley sería indefectiblemente inconstitucional.

 

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