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domingo 10 de junio del 2018

1 de Junio 2018. Legislatura Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Salón Juan Domingo Perón.

FORO DEFENDAMOS LAS DOS VIDAS                     

 

 

PANEL: DERECHO Y BIOÉTICA

 

 

Coordinadora: Dra. Raquel Bolton   

Expositor:     

   

                                       Dr. Cosme  María Beccar Varela

 

                                                     Bioética, Derecho y Aborto


La ética es la ciencia que distingue las conductas buenas de las malas; se llama Bioética cuando se aplica a conductas relacionadas con el cuidado de la vida y la salud de los seres humanos.

Normalmente basta la razón natural, utilizada rectamente, para distinguir las conductas buenas de las malas. La razón natural indica que debemos tratar a los demás como nos gustaría que nos traten a nosotros. Y como a nadie le gustaría haber sido eliminado antes de nacer, la lógica indica que abortar es un mal. La razón natural indica que la medicina se estudia para curar y no para dañar, como dice el juramento hipocrático desde hace miles de años. Por lo tanto lo lógico es que los progresos en el estudio del ser humano en el seno materno sean para protegerlo y no para buscar el momento propicio para destruirlo.

Estas verdades que parecen obvias ya no lo son tanto cuando la razón se ve perturbada por pasiones que la obscurecen, de modo que ya no distingue lo bueno de lo malo. La razón recurre a sofismas, medias verdades o a mentiras directas, que le permitan hacer aparecer lo malo como bueno.

Es así como, con un lenguaje bondadoso y sentimental se presenta como positiva la eliminación de un niño por nacer. Y en sentido inverso, con un lenguaje de resentimiento y rebelión la subsistencia de ese niño durante nueve meses se presenta como negativa.

Ante esos planteos desorientadores, que impresionan a los desprevenidos conviene recurrir a la Fe, por la que el mismo Dios ilumina las conductas buenas. Sabiendo que Dios es el autor de la vida, y que sólo Él puede darla o quitarla, no hay manera de dejarse enredar por los sofismas sentimentales que justifican el aborto.

Cuando la conducta buena sólo es exigible por Dios se llama perfección evangélica. Pero cuando es exigible por los hombres se llama derecho. El artículo 19 de la Constitución dice "Las acciones privadas de los hombres que de ningún modo ofendan al orden y a la moral pública, ni perjudiquen a un tercero, están sólo reservadas a Dios." El derecho entonces abarca las acciones de los hombres que de algún modo ofendan el orden, la moral pública o afectan a un tercero.

En el aborto, como es obvio, se afecta al niño por nacer, que es por excelencia un tercero, precisamente porque se distingue de su padre y de su madre. Esto sólo debería bastar para demostrar que el aborto es antijurídico. Pero también afecta al orden y a la moral pública.

Para exlicarlo recurro a un ejemplo histórico. En el Imperio romano decadente durante los banquetes pasaban una palangana en la que los comensales vomitaban lo que habían comido, para así comer más. Con todo lo decadentes que eran, a los romanos nunca se les ocurrió pretender que vomitar era parte inseparable del derecho a alimentarse. Y menos todavía exigir que el estado les garantice el vómito libre, seguro y gratuito, para poder comer indefinidamente sin dañar su salud, obligando a los médicos a trabajar en la realización de esos vómitos, sin derecho a Objeción de Conciencia.

Es evidente que la costumbre romana de vomitar la comida era un desorden, relacionado con la alimentación, pero que nunca puede ser parte del derecho humano fundamental a procurarse el alimento necesario para vivir.

El orden público entonces exige que a todo derecho correspondan obligaciones, esto es, hacerse cargo de las consecuencias de los propios actos. El derecho a vivir en un país incluye la obligación de sostenerlo pagando impuestos. El derecho de comprar viene aparejado con la obligación de pagar el precio, y así sucesivamente. Por supuesto que las leyes pueden ser comprensivas y equitativas con los que no miden bien las consecuencias de sus actos. Pero sería contrario al orden, y por lo tanto antijurídico, desligar completamente a las personas de las consecuencias de sus actos.

Vamos a la cuestión del aborto:

La consecuencia del ejercicio de los derechos reproductivos es que eventualmente haya reproducción. Los abortistas pueden usar las palabras que quieran, pero la palabra reproducción los traiciona, porque indica que aparece un ser idéntico al anterior. Así como es imposible un embarazo a medias - se está o no se está embarazada- también es imposible una reproducción a medias. Cuando los ganaderos guardan un embrión de vaca no se les ocurre pensar que es medio perro, o medio planta. Ellos saben que es es vaca entera.

El aborto es por lo tanto un desorden, relacionado con la reproducción, pero que en realidad no tiene nada que ver con ella e incluso es su opuesto, con el agravante de que el vómito incluye un ser humano vivo, que es asesinado. Por ese motivo el aborto nunca puede incluirse entre los "derechos reproductivos".

 

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