Su historia 

El Consorcio de  Médicos Católicos  fue fundado respondiendo a una necesidad del momento. No fue una entidad circunstancial nacida al calor de un entusiasmo pasajero o el fruto de alguna tendencia de moda. Fue la concreción  de un interesante y noble ideal, como el de agrupar a los médicos católicos en una entidad desde la cual, proclamando, bien alto su adhesión al credo de Cristo y del Magisterio de la Iglesia, se marchara profesionalmente por la senda sin concesiones de esa doctrina de sacrificio, de abnegación y de amor. 
 
     Cuando el Dr. Míquel J. Petty, conjuntamente con el R. P. Guillermo Furlong, echaron las bases de este Consorcio, tenían pleno concepto de su sentido y de sus alcances, como también lo tenían aquellos otros cuyos nombres constan en el acta de Fundación:año1929.; Doctores José L. Molinarí, Luis Corbi Rodriguez, Enrique Vallaza, Juan J. Murtagh, Gabríel O'Farrell, Francisco E. Radrizzani, Luis Ayerza, Juan Robbio y Ernesto Díllon. 
 
     El  plan fue  ambicioso. El derrotero firme. La línea precisa. Y es seguro que no podían ocultarse a esos claros talentos las dificultades que debían afrontar, cuando afirmaban en el artículo 1 de esos Estatutos: 
 
     "El Consorcio de Médicos Católicos tiene por objeto realizar vinculaciones permanentes entre los médicos católicos de la República Argentina con el propósito de:  
 
     a) investigar las relaciones entre las teorías y prácticas médicas con la teología, filosofía, sociología católica y con el Derecho Canónico; 
     b) Defender los principios de la moral católica, siguiendo las normas y las doctrina de la Iglesia en todas las cuestiones relacionadas con la medicina; 
     c) Proveer la mutua ayuda en los intereses religiosos y profesionales de sus miembros; 
     d) Fomentar la creación de entidades similares en otras ciudades de la República, a fin de formar luego la Federación de los Consorcios de Médicos Católicos, y adherirse a la Confederación Internacional,  con sede en ese momento en París y actualmente en Italia. 
 
     A fines de 1934 se impuso, por sus condiciones de dinamismo y por
su prestigio profesional y docente, como candidato a suceder al Dr. Petty, el nombre de un cirujano y ginecólogo ilustre, el profesor Dr. Carlos Alberto Castaño. 

     Se iniciaron en tal período, gracias a la acción mancomunada del Dr. Castaño y del extraordinario Asesor Eclesiástico que fuera el R.P. Fernando Perez Acosta, los retiros espirituales periódicos para médicos. 
 
     Según consta en las actas de la Universidad de Buenos Aires, el Consorcio, presidido por el Dr. Castaño, obtuvo del Decano Prof. Dr Nícanor Palacios Costa que se reconociera oficialmente y se instituyera el 18 de octubre, día de San Lucas, como el Día del Médico, en el cual el Consorcio realiza una comida anual que es un importante banquete de camaradería. 
 
     Después de empuñar el timón del Consorcio por espacio de casi nueve años, aquel pasó, en 1944, de manos del Dr. Castaño a las de un Ilustre internista y docente universitario, Jefe de Servicios de Clínica Medica en los hospitales Rawson y Ramos Mejía, el doctor Luis Ayerza. Cumplidos los cuatro años estatutarios de su período, el Dr. Ayerza fue sucedido por el eminente maestro argentino de Pediatría, el Prof. Dr. Mario J. del Carril, quien ejerciera la presidencia del Consorcio entre 1948 y 1952.
 

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