Señor
Rector
de
la
Universidad
de
Buenos
Aires
Don
Rubén
Hallú
De
nuestra
consideración
Nos
dirigimos
a
Usted
en
nombre
de
los
miembros
del
Consorcio
de
Médicos
Católicos
de
Buenos
Aires
–en
su
gran
mayoría
egresados
de
esta
Universidad-
quienes
en
reunión
especial
hemos
expresado
el
absoluto
y
total
rechazo
y
repudio
a la
declaración
del
Consejo
Superior
de
la
Universidad
solicitando
a
las
autoridades
nacionales
la
despenalización
del
aborto,
permitiendo
así
a
las
madres
el
libre
asesinato
de
las
persona
por
nacer
que
llevan
en
sus
vientres.
Nos
indigna,
avergüenza
y
humilla
dicha
declaración
de
quienes
hoy
dirigen
a
nuestra
querida
Universidad.
Ella
tiene
una
misión
docente,
de
investigación
básica
y
aplicada,
de
acción
social
y de
manifestarse
ante
los
graves
problemas
sociales,
sanitarios,
económicos,
políticos
e
institucionales
que
aquejan
nuestra
Nación.
Debe
hacerlo
con
honestidad,
seriedad
y
profundidad.
Pero
no
puede
expresarse
contra
el
sentido
común
y la
naturalezaza
de
la
cosas
y no
puede
decir
-por
ejemplo-
que
los
edificios
se
pueden
construir
sin
cimientos,
o la
alimentación
humana
o
animal
puede
basase
en
cartón
picado,
o
los
veleros
pueden
navegar
sin
quilla,
o
los
altos
índices
de
mortalidad
infantil
se
irán
solucionado
solos
con
el
tiempo,
etc.
Menos
aun
puede
declarar
la
Universidad,
que
es
lícito
permitir
el
homicidio
de
los
seres
humanos
ya
concebidos
en
el
seno
materno.
Ellos
son
personas
por
nacer
como
expresa
textualmente
el
Art.
63
del
Código
Civil
Argentino.
En
efecto,
cuando
en
el
extremo
de
la
Trompa
de
Falopio
de
la
mujer,
el
óvulo,
célula
de
origen
materno,
es
penetrado
y
fecundado
por
un
espermatozoide
de
origen
paterno,
se
forma
el
huevo
o
cigoto
quien
ya
es
una
nueva
célula,
un
ser
humano
con
toda
la
dotación
cromosómica
y
mitocondrial
que
tendrá
inmutable
toda
su
vida.
Ya
no
es
mas
una
célula
materna
o
paterna,
es
un
perfecto
e
independiente
ser
humano.
Con
toda
la
jerarquía
y
dignidad
de
persona
humana
Ser
que
es
perfecto
en
“acto”,
es
decir,
es
una
realidad
con
vida
propia
concreta,
microscópica,
-siete
veces
mas
pequeña
que
un
milímetro-
pero
realidad
al
fin.
Y
como
enseñaba
Aristóteles,
400
años
antes
de
la
era
cristiana,
es
ser
en
“acto
“ y
en
“potencia”.
Lo
que
significa
que
tiene
la
“potencia”
de
llegar
a
ser
un
embrión,
un
feto,
un
recién
nacido,
un
niño,
un
adolescente,
un
hombre
maduro
y
finalmente
un
anciano.
La
misma
“potencia”
que
tienen
los
consejeros
que
firmaron
la
resolución:
los
estudiantes
tienen
la
“potencia”
de
llegar
a
ser
hombres
maduros;
los
profesores
de
llegar
a
ser
ancianos.
La
persona
dormida
o
anestesiada
está
en
“acto”
pero
tiene
la
“potencia”
de
despertar
con
plena
lucidez
y
juicio.
La
declaración
del
Consejo
de
la
Universidad
también
hace
énfasis
en
la
libertad
de
la
madre
para
decidir
sobre
su
cuerpo.
Eso
es
un
perfecto
sofisma.
Ella
puede
decidir
sobre
“Su”
cuerpo.
Puede
ser
obesa
o
flaca,
puede
ser
atleta
o
sedentaria,
puede
fumar
o no
fumar,
operarse
o no
operarse
de
un
mal
que
la
aqueja.
Pero
decididamente,
no
puede,
no
tiene
derecho
alguno,
a
decidir
sobre
la
vida
o la
muerte
del
ser
humano
que
lleva
en
su
seno.
Es
otra
vida.
No
se
trata
de
“Su”
vida.
Afortunadamente
para
los
consejeros
firmantes
de
la
declaración,
sus
mamás
no
pensaron
como
ellos
y
cuando
fueron
concebidos,
ellas
los
llevaron
en
sus
vientres,
muy
probablemente
con
orgullo,
alegría
y
esperanza
de
que
en
el
futuro
serían
buenos
hijos
y
buenas
personas.
La
declaración
del
Consejo
Superior
es
además
una
apología
del
delito
pues
solicita
que
se
permita
el
aborto
libre,
es
decir
la
muerte
de
los
niños
en
el
vientre
de
sus
madres.
También
en
otros
países
se
pidió
por
mayoría
que
se
matara
a
seres
indeseables
para
las
autoridades:
en
Rusia
a
los
gitanos,
eslavos
y
cristianos,
quienes
fueron
asesinados
por
Stalin,
en
Alemania
a
los
judíos,
muertos
por
Hitler,
en
Turquía
a
los
armenios.
Ahora,
los
consejeros
universitarios
solicitan,
casi
por
unanimidad,
se
permita
libremente
la
matanza
de
los
argentinos
por
nacer.
Dos
profesores
universitarios,
uno
de
ellos
Decano
de
la
Facultad
de
Medicina,
sostuvieron
que
debían
defender
la
vida
y se
abstuvieron
en
la
votación.
Hubiera
sido
mejor
que
con
coraje
y
valentía
hubieran
votado
en
contra.
Todo
lo
anterior
lo
hemos
escrito
con
argumentos
estrictamente
naturales
y
humanos.
A
estoa
argumentos,
como
médicos
creyentes
debemos
agregar
que
los
cristianos,
judíos
y
musulmanes
creemos
en
el
“No
matar
“ de
la
ley
de
Moisés.
Los
médicos
católicos
además,
siguiendo
la
doctrina
de
Jesús,
defendemos
la
vida
y la
pureza
de
corazón
que
Él
nos
enseñó
y
recordamos
Sus
palabras
en
la
cruz:
“Padre,
perdónalos,
porque
no
saben
lo
que
hacen”
(Lucas
23,34).
En
nombre
de
los
profesores
y ex
profesores
de
la
Universidad
de
Buenos
Aires
miembros
de
este
Consorcio
de
Médicos
y de
centenares
de
profesores
universitarios
que
no
son
socios,
pero
que
también
defienden
la
vida
desde
la
concepción
hasta
la
muerte
natural,
firma
también
esta
nota
del
Consorcio,
quien
durante
27
años
fue
Profesor
Adjunto
y
luego
Titular
de
Pediatría
de
nuestra
Facultad
de
Medicina
de
la
Universidad
de
Buenos
Aires