En
reunión
especial
de
sus
miembros
el
Consorcio
de
Médicos
Católicos
de
Buenos
Aires
expresa
su
mas
profundo
dolor
y
tristeza
por
la
aprobación
en
el
Congreso
de
la
Nación
de
una
ley
que
no
mantiene
el
principio
elemental
de
sentido
común,
que
expresa
que
el
matrimonio
civil
está
constituido
por
la
unión
de
un
varón
y
una
mujer.
Lamenta
la
actitud
de
tantos
legisladores
que
han
traicionado
la
expresa
voluntad
mayoritaria
de
la
población
de
sus
respectivas
provincias.
Y
lamenta
también
enfáticamente
la
actitud
de
aquellos
legisladores
que
no
concurrieron
a la
sesión
o se
levantaron
de
sus
bancas,
para
permitir
la
aprobación
de
una
ley
que
avergüenza
a la
inmensa
mayoría
de
los
argentinos.
El
Consorcio
de
Médicos
Católicos
quiere
también
expresar
su
preocupación
por
el
trámite
institucional
que
ha
tenido
en
el
Ministerio
de
Salud
la
Resolución
ministerial
Nº
1184
del
12
de
Julio
del
año
2010,
que
desautoriza
lo
que
expresamente
manifiesta
el
Código
Penal
Argentino,
permitiendo
así
el
aborto
en
todos
los
casos
de
violación.
En
realidad,
esta
Resolución
permite
el
aborto
absoluta
y
totalmente
libre,
porque
basta
que
una
mujer
manifieste
que
ha
sido
violada,
para
que
los
médicos
estén
autorizados
a
practicarle
un
aborto.
Más
aún,
la
Resolución
obliga
a
que
todas
las
instituciones
sanitarias
nacionales
realicen
el
aborto
a la
mujer
que
así
lo
requiera.
Y en
los
casos
de
menores
de
14
años
de
edad,
obliga
a
los
médicos
a
respetar
la
decisión
de
la
adolescente.
Queremos
recordarle
a
las
autoridades
del
Ministerio
de
Salud
que
los
médicos
argentinos
hemos
estudiado
y
nos
hemos
recibido
de
médicos
para
prevenir
la
salud
de
la
población
y
para
curar
y
rehabilitar
a
los
enfermos
y no
para
cometer
asesinatos
de
inocentes.
Enfatizamos
una
vez
más,
que
la
vida
comienza
desde
la
concepción.
Cuando
el
espermatozoide
masculino
penetra
en
el
óvulo
femenino
ya
no
son
más
dos
células
sino
una
sola,
que
es
el
huevo,
zigoto
o
primera
célula
del
nuevo
ser
humano.
Se
trata
ya
de
una
persona
digna
de
toda
consideración,
con
pleno
derecho
a
que
se
respete
su
vida
incipiente.
Esta
verdad
científica
está
escrita
taxativamente
en
nuestra
Constitución
Nacional.