1)
“Cada
vez
más
fuerte
la
tentación
de
la
eutanasia,
esto
es,
adueñarse
de
la
muerte,
procurándola
de
modo
anticipado
y
poniendo
así
fin
‘dulcemente’
a la
propia
vida
o a
la
de
otros.
En
realidad,
lo
que
podría
parecer
lógico
y
humano,
al
considerarlo
en
profundidad
se
presenta
absurdo
e
inhumano.
Estamos
aquí
ante
uno
de
los
síntomas
más
alarmantes
de
la
‘cultura
de
la
muerte’,
que
avanza
sobre
todo
en
las
sociedades
del
bienestar,
caracterizadas
por
una
mentalidad
eficientista
que
presenta
el
creciente
número
de
personas
ancianas
y
debilitadas
como
algo
demasiado
gravoso
e
insoportable”.
(Evangelium
vitae,
n.
64)
La
eutanasia
es
un
crimen
2)
“De
acuerdo
con
el
Magisterio
de
mis
Predecesores
y en
comunión
con
los
Obispos
de
la Iglesia
católica,
confirmo
que
la
eutanasia
es
una
grave
violación
de
la Ley de Dios, en
cuanto
eliminación
deliberada
y
moralmente
inaceptable
de
una
persona
humana.
Esta
doctrina
se
fundamenta
en
la
ley
natural
y en
la Palabra de
Dios
escrita;
es
transmitida
por
la Tradición
de
la Iglesia
y
enseñada
por
el
Magisterio
ordinario
y
universal.
Semejante
práctica
conlleva,
según
las
circunstancias,
la
malicia
propia
del
suicidio
o
del
homicidio”.
(Evangelium
vitae,
n.
65)
La
eutanasia
y
totalitarismo
“Se
llega
además
al
colmo
del
arbitrio
y de
la
injusticia
cuando
algunos,
médicos
o
legisladores,
se
arrogan
el
poder
de
decidir
sobre
quién
debe
vivir
o
morir
(…)
Cuando
el
hombre
usurpa
este
poder,
dominado
por
una
lógica
de
necedad
y de
egoísmo,
lo
usa
fatalmente
para
la
injusticia
y la
muerte.
De
este
modo,
la
vida
del
más
débil
queda
en
manos
del
más
fuerte;
se
pierde
el
sentido
de
la
justicia
en
la
sociedad
y se
mina
en
su
misma
raíz
la
confianza
recíproca,
fundamento
de
toda
relación
auténtica
entre
las
personas.
(Evangelium
vitae,
n.
66).
Recordamos
además,
las
Respuestas
de
la Congregación
para
la Doctrina
de
la Fe (14 de Septiembre
de
2007),
en
las
que
claramente
se
dice
que
un
paciente
en "estado
vegetativo
permanente"
es
una
persona,
con
su
dignidad
humana
fundamental,
por
lo
cual
se
le
deben
los
cuidados
ordinarios
y
proporcionados
que
incluyen
la
suministración
de
agua
y
alimentos,
incluso
por
vías
artificiales.
En
ocasiones
las
familias
y el
personal
sanitario
se
verán
sometidos
a
presiones
para
terminar
con
estados
irreversibles
críticos
y
dolorosos,
que
causan
un
fuerte
impacto
afectivo,
sobre
todo
en
lo
más
los
allegados
al
enfermo,
y
que
exigen
el
ejercicio
heroico
de
las
virtudes
cristianas.
Por
eso
llamamos
a
recuperar
la
convicción
de
la
soberanía
exclusiva
de
Dios
sobre
el
comienzo
y el
final
de
la
vida
humana,
y la
confianza
en
su
especial
ayuda
en
las
situaciones
críticas
de
la
vida.
La
eutanasia
es
la
perversión
de
la
piedad
3) “La
eutanasia,
aunque
no
esté
motivada
por
el
rechazo
egoísta
de
hacerse
cargo
de
la
existencia
del
que
sufre,
debe
considerarse
como
una
falsa
piedad,
más
aún,
como
una
preocupante
‘perversión’
de
la
misma.
En
efecto,
la
verdadera
‘compasión’
hace
solidarios
con
el
dolor
de
los
demás,
y no
elimina
a la
persona
cuyo
sufrimiento
no
se
puede
soportar.
El
gesto
de
la
eutanasia
aparece
aún
más
perverso
si
es
realizado
por
quienes
-como
los
familiares-
deberían
asistir
con
paciencia
y
amor
a su
allegado,
o
por
cuantos
-como
los
médicos-,
por
su
profesión
específica,
deberían
cuidar
al
enfermo
incluso
en
las
condiciones
terminales
más
penosas.
La
opción
de
la
eutanasia
es
más
grave
cuando
se
configura
como
un
homicidio
que
otros
practican
en
una
persona
que
no
la
pidió
de
ningún
modo
y
que
nunca
dio
su
consentimiento”.