El
Consorcio
de
Médicos
Católicos
de
Buenos
Aires
por
unanimidad
de
los
socios
reunidos
en
sesión
especial,
expresa
su
total
desconcierto
y
tristeza
ante
la
reciente
Resolución
de
la
Suprema
Corte
de
Justicia
de
la
Nación
que
ante
un
caso
concreto
de
tenencia
de
drogas
despenalizó
a
los
acusados
y
declaró
inconstitucional
un
artículo
de
la
ley
sobre
drogadicción
que
pena
a
los
que
poseen
droga,
aún
en
pequeñas
cantidades.
Decimos
desconcierto
porque
es
inadmisible
que
el
más
alto
tribunal
de
justicia
de
la
Nación,
no
tenga
en
cuenta
los
profundos
valores
que
se
están
atacando,
cuando
se
resuelve
que
tener
droga
es
algo
que
no
tiene
importancia
y
que
no
debe
ser
penado.
Desde
luego,
el
tenerla
es
para
consumirla.
Consumirla
es
muy
dañoso
para
la
salud
física
y
psíquica
de
quien
la
ingiere,
la
fuma
o se
inyecta.
Debe
importar
entonces
a la
sociedad
y a
los
tribunales
que
la
representan
-y
la
deben
defender-
que
no
se
permita
algo
que
es
perjudicial
para
loa
persona.
Se
dice
que
una
mínima
cantidad
de
droga,
en
especial
de
marihuana,
no
hace
daño
al
que
la
consume.
Es
verdad.
Pero
los
médicos
y
los
especialistas
en
el
tema
sabemos
bien
que
se
comienza
con
poco,
pero
siempre
se
va
aumentando
la
dosis.
Se
precisa
cada
vez
mas
droga
-u
otra
droga
de
mayor
impacto
emocional-
para
lograr
el
mismo
o
mayor
efecto.
La
droga
va
enfermando
cada
vez
más
al
adicto,
quien
siempre
debe
buscar
drogas
más
fuertes
y
excitantes
para
sentirse
mejor.
Su
empleo
reiterado
y en
dosis
cada
vez
mayores
terminan
al
final,
dañando
muy
gravemente
al
adicto
en
su
cuerpo,
en
su
mente
y en
su
voluntad
y
con
el
tiempo,
lo
lleva
a la
muerte.
Se
dice
que
debe
respetarse
la
autonomía
de
las
personas
y
que
quien
quiere
hacer
algo,
comer
algo,
fumar
algo
o
inyectarse
algo
dañoso,
tiene
derecho
a
decidir
lo
que
le
parezca
mejor.
Este
concepto
es
equivocado.
La
autonomía
de
las
personas
es
un
bien
valioso
y
desde
luego
debe
promoverse
y
defenderse.
Pero
la
autonomía
tiene
un
límite.
No
es
un
principio
absoluto.
Por
eso
es
que
por
razones
de
pura
ley
natural,
no
está
permitido
el
suicidio,
ni
la
asistencia
o
incitación
al
suicidio.
Incluso
nuestro
Código
Penal
sanciona
a
quien
así
lo
hace.
Se
dice
que
los
ciudadanos
elijen
su
conducta,
pero
se
olvidan
que
justamente
donde
más
droga,
marihuana,
paco
o
cocaína
hay,
es
en
los
bolsones
de
pobreza
y en
las
villas
llenas
de
indigencia
y
miseria
que
rodean
a
las
grandes
ciudades.
Allí
los
niños
y
los
jóvenes
se
hallan
a
merced
de
los
narcotraficantes
que
les
regalan
la
droga
con
tal
de
que
la
vendan
y
puedan
ellos
obtener
pingues
ganancias.
La
Resolución
despenalizadora
de
la
Suprema
Corte
es
una
agresión
–tal
ves
no
querida
– a
los
chicos
y a
las
familias
mas
desposeídas.
Por
otra
parte
-y
es
muy
importante-
quien
posee
droga
es
porque
la
compró
y se
la
compró
a
alguien
que
está
al
servicio
o
está
esclavizado
por
un
narcotraficante,
quien
es
el
que
la
vende
y
gana
mucho
con
ello.
Se
dice,
que
de
esta
manera
se
despenaliza
la
compra
de
la
droga
–porque
no
hay
que
criminalizar
al
consumidor-
pero
que
se
va a
seguir
persiguiendo
y
penalizando
severamente
su
venta.
Esto
es
un
absoluto
sofisma.
Es
decir,
es
expresar
algo
que
parece
cierto
–compra
si,
venta
no-
pero
que
es
una
gran
mentira.
Quien
compra
la
droga
está
ayudando
al
negocio
de
quien
la
vende.
Todo
es
un
círculo
vicioso.
Si
no
hubiera
quien
la
comprara,
no
habría
quien
la
vendiese.
Se
dice
que
esto
es
de
estricta
justicia
y de
respeto
absoluto
a
los
valores
proclamados
por
la
Constitución
Nacional.
Pero
además
de
los
argumentos
personales
de
daño
al
consumidor
que
hemos
mencionado,
hay
algo
más
tremendamente
importante.
La
resolución
despenalizadora
de
la
Corte
Suprema
atenta
contra
el
bienestar
general
de
la
población
que
defiende
nuestra
Carta
Magna.
La
drogadicción
tan
difundida
y en
aumento
en
nuestra
sociedad
es
responsable
del
aumento
de
la
criminalidad.
Es
responsable
del
aumento
de
los
casos
de
violaciones
y
asesinatos
y
del
aumento
de
la
gravedad,
ensañamiento,
violencia
y
brutalidad
de
las
lesiones
que
se
producen
en
los
secuestros,
asaltos,
salideras
bancarias,
robos
y
atentados
a la
propiedad.
Al
drogadicto
no
le
basta
con
robar,
quiere
además
dañar,
hacer
sufrir
y
lesionar
severamente
a
las
victimas,
dejándoles
daños
irreparables,
sea
niño,
anciano
o
mujer
y si
está
embarazada
mejor.
Agregamos
además
-como
punto
importante
a
destacar-
que
dadas
las
condiciones
sanitarias
públicas
de
nuestro
País
y
bajo
las
circunstancias
actuales,
es
imposible
brindar
atención
de
excelencia
en
los
hospitales
públicos
al
que
consume,
siendo
las
entidades
privadas
pagas
e
insuficientes
para
lograr
este
objetivo.
Esto,
condena
al
que
consume,
a la
grave
pena
de
seguir
siempre
en
ese
mal
camino.
Todo
lo
anterior
lo
decimos
como
médicos
que
estudiamos,
vivimos
y
actuamos
para
defender
la
salud
de
la
población,
sobre
todo
de
los
inocentes
niños
y
jóvenes
en
riesgo.
Nos
interesa
todo
aquello
que
prevenga
las
enfermedades
y
sobre
todo
que
fomente
la
salud
física,
psíquica
y
espiritual.
Y
por
ello
nos
oponemos
firmemente
a lo
que
daña
a
nuestros
sanos
y
enfermos.
Como
médicos
católicos,
agregamos
a lo
anterior,
que
la
tradición
judeocristiana
nos
enseña
a
defender
los
Principios
básicos
de
la
civilización.
“No
matarás”
es
un
Mandamiento
de
la
Ley
de
Dios.
La
despenalización
de
la
tenencia
droga
es
un
camino
hacia
la
muerte
de
los
más
débiles.
Cristo
en
las
Bienaventuranzas
nos
enseño
que
son
“Bienaventurados
los
pobres,
los
tristes,
los
que
lloran,
los
que
padecen
persecución
por
la
justicia”.
La
despenalización
de
la
droga
–con
sus
tan
graves
consecuencias
personales
y
sociales-
es
una
amenaza
y
una
muy
severa
agresión
justamente
a
esos
que
deberían
ser
nuestros
protegidos.
Por
todo
ello
-como
dijimos
al
comenzar
esta
Declaración-
la
Resolución
de
la
Corte
Suprema
nos
produce
tristeza.
Es
intempestiva,
inoportuna,
insólita
y
sobre
todo
injusta.
Es
realmente
paradójico
que
haya
sido
firmada
por
unanimidad
por
quienes
son
responsables
de
administrar
Justicia.
La
Justicia
debe
basarse
en
la
Razón
que
hace
defender
la
Verdad.
Siempre
debe
promover
la
Libertad,
para
ayudar
a
buscar
el
Bien.
Si
la
Justicia
no
está
de
acuerdo
con
la
Verdad
y
con
el
Bien,
no
es
Justicia.